
Trabajadores del Fuerte Rojo de Nueva Delhi en un descanso.
El joven indio aún conserva la inocencia, la frescura y la alegría en medio de una cultura que se debate entre la tradición y la modernidad. La vida se desarrolla en la calle, con la comunidad, con los vecinos, con la familia en contacto directo con otras familias. El indio nunca está solo y este sentimiento de fraternidad y de cooperación es el que le da la fuerza.